La Mezquita-Catedral

La Mezquita-Catedral

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Decir Córdoba es decir Mezquita-Catedral

Portentosa, enorme, céntrica, pilar, católica, musulmana, madre, río, y Córdoba. Pocas palabras que denoten grandeza no servirían para describir en enclave, en singular, de la Mezquita-Catedral de Córdoba. El lugar de los lugares, el centro de todo, la palabra sobre la que se fundamenta casi la
ciudad al completo. Ella es todo y todo germina y muere en ella, ya que si por algo es conocida esta ciudad es por esta maravilla del mundo que, aunque sin poseer el título, supera con creces a las que sí lo ostentan. No se entiende Córdoba sin su Mezquita, ni a la Mezquita sin Córdoba.

 

Las ansias por saciar placer de los sentidos al completo pueden ser mitigadas en este espacio cordobés que se abre al resto del mundo como el principal escaparate, ya no sólo de Córdoba, sino de Andalucía y del resto de España. Rodeada de arte, sólo el acercarse a ella, por el camino que sea, ya deja magnificado al visitante, ya que el Templo Mayor se encuentra custodiado por las estrechas calles de la Judería, por el Puente Romano y por la Puerta del Puente.

Ya, el Patio de los Naranjos invita a todo aquel que tiene el gusto de acceder al mismo a
sumergirse en un verdadero oasis rodeado de muros y entrelazado con naranjos que se unen para dar sombra al acalorado visitante. Si esto no fuese suficiente, el frescor de su fuente, de agua clara y cristalina, hará el resto. Ya purificados y a una temperatura más suave, los visitantes están preparados para vislumbrar una de las imágenes más bellas que han podido ver sus rutinas: el bosque de arcos.

Cada uno de una forma, con una columna distinta, pero todos guardando una armonía única y singular, se presentan los arcos que rodean el altar mayor de la Mezquita-Catedral. Más de 1.300 columnas, que sostienen 300 arcos en tonos rojizos y piedra, abren el camino al turista que se deja llevar por los halos de luz que acceden por los ventanales del majestuoso lugar. Ni el gran escritor
cordobés Luis de Góngora, que se encuentra enterrado en este templo, podría describir en su conjunto toda la belleza de la Mezquita-Catedral.

Y en otro mundo, sin guardar coherencia, que no necesita guardarla porque ahí es donde
reside su verdadero encanto, se halla el Altar Mayor de la Catedral, proyecto del hermano Matías, perteneciente a la Compañía de Jesús. Es arte católico rebosante de simbología y plagado de mensajes bíblicos que no dejará indiferente a nadie. Justo en frente, la sillería y el Coro de la Catedral, que goza de la fama justificada de ser uno de los más hermosos y mejor ejecutados de toda España.

Cuando el visitante acabe la visita no debe sentir, en ningún momento pena, ya que ahora es cuando le espera el resto de la ciudad, que no le falta encanto, arte, gastronomía, flamenco, gente y callejuelas en las que perderse y no encontrarse nunca.

 

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